Primavera de 2026 – Hemisferio sur
En el valle inferior del chubut, los dolavon se producen en forma agroecológica.
Información Natural
Dolavon, una localidad de 4.000 habitantes, grupo de 30 familias con producción
agroecológica en forma femenina. Recuperaron lo tradicional agrícola y las tierras
cedidas por el municipio producen alimentos saludables en forma local. Lo productivo
se puede hacer en cualquier lugar y también una decisión política.
En Dolavon las heladas marcan trabajos con paciencia.Mientras el valle espera la
primavera, una productora recorre el invernáculo que cautiva con su hijo. Entre
hileras de lechugas, espinaca, rúcula, acelga, sostiene que el proyecto tiene que
producir alimentos agroecológicos para la comunidad.
Hace tres años, en Dolavon cambiaron la rutina de las familias de Gaiman. La
productora solo hacía plantines con su hijo en casa y tenían huerta en el
patio.Pasaba tener un campo ara cultivar. En invernadero tiene dos parcelas, como
proyecto Dolavon Produce.
Comer sano cambia la alimentación y la comunidad. Ese sabor es inigualable Forma de
une trabajo de proyecto de 2023 como parte del Programa de infraestructura para
entramados productivos regionales. El sector es uno de los doce nodos proyectados en
todo el país.Con la llegada de Milei a casa rosada, la iniciativa recibió apoyo de
Famuch para sostenlo.
De recuperar la tierra a construir comunidad:
El agrónomo Ñancucheo es pilar de Dolavon produce. Las dos ha y media donde funciona
el Nodo eran terrenos degradados, no tenían antecedentes productivos.
Recuperar fue el principal desafío. Con prácticas simples con mucho abono y materia
orgánica, recuperaron suelos y producen con excelentes resultados. El objetivo
inicial era su formulación, que familias puedan producir alimentos sanos para
autoconsumo y comercializar excedente, generando ingresos.Empezamos con nueve
familias y cada una se le asignó una parcela y al año siguiente ampliamos el predio.
Hoy son 32 familias que forman parte del Nodo.
También instalaron un sistema de riego por goteo, una decisión que debe cuidarse en
forma local, Donde el riego tradicional dificulto la producción .Los beneficios son:
las familias productoras reciben cada sábado a los vecinos para realizar venta
directa de la cosecha en el Nodo y coordinar visitas y pedidos.
Lo productivo es la importancia de las relaciones entre personas. Y el proyecto fue
exitoso. Fueron aprendiendo y mejorando tierras, el Nodo tiene pertenencia para las
familias y a tejer redes de apoyo en producción de alimentos
Con el deterioro del poder adquisitivo en últimos años y necesidad de multiplicar la
economía familiar resultó un obstáculo del Nodo en 2024 y 2025.Algunos productores
salian hacer changa para los ingresos y no atender su parcela. Otras debían tener
otro empleo para solventar, la dimensión es fundamental y despertó en otros
municipios.
Cómo superponer a las heladas patagónicas y producir diversidad:
El periodo libre de heladas algunos meses del año y obliga a planificar cada siembra
con precisión. Llegó de la producción bajo cubierta: una estrategia fue custrui
invernáculos y utilizar microtúneles. Ganar tiempo y producir hasta mayo o Junio y
volver arrancar en Septiembre. En pocas semanas terminaron de construir 6 nuevos
invernáculos de 20 metros por cuatro destinada a fortalecer el trabajo de las
familias.
Pero adaptarse al clima no alcanza. En tierras recuperadas convive la producción de
hortalizas de estación: hoja verde, tomate, zapallitos, frutas como melones y
sandías, plantas aromáticas, huevos y salas para conservas, hongos y quesos
artesanales,apartir de leche fluida entregada por productores locales.
Lejos del monocultivo la estrategia es rotación, reducir riesgos y ofrece
comercialización variada. Queremos que cada familia tenga distintas producciones.
Mejora la dieta, cuida la tierra.
El ingeniero del Nodo sostiene que cada incorporación surge de cómo trabajan la
tierra.
- Un territorio fértil de historias de mujeres protagonistas.
Mariela Jones se incorporó en 2024 tras pasar el curso de plantas aromáticas dictado
por El Nodo. Es referente del espacio, En su parcela comenzó con aromáticas
(lavanda,romero, orégano, caléndula y cedrón) con objetivos medicinales y junto a
hortalizas y verduras (lechuga, tomate, zapallo). Junto a su padre con cría de
gallinas produce hongos comestibles a restaurantes de las zona.
La gente aún le cuesta a lo orgánico, donde va existiendo el nodo lo vamos
incorporando. El valor aparece con la vida cotidiana, Somos una gran familia. Ese
aspecto socio productivo también escala a Trelew, Rawson y Playa Unión, en busca de
alimentos agroecológicos.
Un parte el Nodo que son 95 por ciento de mujeres. Son jefas de familia, de lo
diverso de lo masculino. Las mujeres llevaron adelante el proyecto y pocos varones
van por tierras, apenas 3 para parcelas.
Hay una explicación: porque sean las mujeres que llevan delante el proyecto: por
cuestion cultural. Entre mujeres productoras por la producción y responsabilidad. Y
lugar de contención: vienen con sus hijos. También organizan talleres para educación
para sus hijos y infancias de la comunidad.
Mucho más que producir verduras, otra manera de pensar en desarrollo:
Chubu es una provincia que tiene tensión en el uso del territorio.
Desde hace un siglo la provincia sufre el auge del petróleo en Comodoro Rivadavia.
Luego la pesca para exportación provincial y producción lanera en la meseta. Más el
conflicto de la megaminería metalífera con conflictos.
En relación a eso, el Nodo parece avanzar en otra dirección. prioriza producir
riqueza con recuperación de fertilidad del suelo, Es experiencia de la tradición
agrícola del Valle inferior del Río Chubut, desde fines del siglo XIX por colonias
galesas y en resignificación de la agroecología.
La discusión se basa en semillas, el agua, la recuperación de tierras y trabajo
colectivo.
Que generó ingresos para decenas de familias y fortaleció vínculos en una localidad
con decisión política para llevarla adelante.
Él sostiene que la agroecología implica trabajar en cada territorio, no alcanza
conocimiento técnico, compartir saberes, entender historias,tiempos y el municipio
decidió sostener el proyecto con recursos propios.
Dolavon, una localidad de 4.000 habitantes, grupo de 30 familias con producción
agroecológica en forma femenina. Recuperaron lo tradicional agrícola y las tierras
cedidas por el municipio producen alimentos saludables en forma local. Lo productivo
se puede hacer en cualquier lugar y también una decisión política.
En Dolavon las heladas marcan trabajos con paciencia.Mientras el valle espera la
primavera, una productora recorre el invernáculo que cautiva con su hijo. Entre
hileras de lechugas, espinaca, rúcula, acelga, sostiene que el proyecto tiene que
producir alimentos agroecológicos para la comunidad.
Hace tres años, en Dolavon cambiaron la rutina de las familias de Gaiman. La
productora solo hacía plantines con su hijo en casa y tenían huerta en el
patio.Pasaba tener un campo ara cultivar. En invernadero tiene dos parcelas, como
proyecto Dolavon Produce.
Comer sano cambia la alimentación y la comunidad. Ese sabor es inigualable Forma de
une trabajo de proyecto de 2023 como parte del Programa de infraestructura para
entramados productivos regionales. El sector es uno de los doce nodos proyectados en
todo el país.Con la llegada de Milei a casa rosada, la iniciativa recibió apoyo de
Famuch para sostenlo.
De recuperar la tierra a construir comunidad:
El agrónomo Ñancucheo es pilar de Dolavon produce. Las dos ha y media donde funciona
el Nodo eran terrenos degradados, no tenían antecedentes productivos.
Recuperar fue el principal desafío. Con prácticas simples con mucho abono y materia
orgánica, recuperaron suelos y producen con excelentes resultados. El objetivo
inicial era su formulación, que familias puedan producir alimentos sanos para
autoconsumo y comercializar excedente, generando ingresos.Empezamos con nueve
familias y cada una se le asignó una parcela y al año siguiente ampliamos el predio.
Hoy son 32 familias que forman parte del Nodo.
También instalaron un sistema de riego por goteo, una decisión que debe cuidarse en
forma local, Donde el riego tradicional dificulto la producción .Los beneficios son:
las familias productoras reciben cada sábado a los vecinos para realizar venta
directa de la cosecha en el Nodo y coordinar visitas y pedidos.
Lo productivo es la importancia de las relaciones entre personas. Y el proyecto fue
exitoso. Fueron aprendiendo y mejorando tierras, el Nodo tiene pertenencia para las
familias y a tejer redes de apoyo en producción de alimentos
Con el deterioro del poder adquisitivo en últimos años y necesidad de multiplicar la
economía familiar resultó un obstáculo del Nodo en 2024 y 2025.Algunos productores
salian hacer changa para los ingresos y no atender su parcela. Otras debían tener
otro empleo para solventar, la dimensión es fundamental y despertó en otros
municipios.
Cómo superponer a las heladas patagónicas y producir diversidad:
El periodo libre de heladas algunos meses del año y obliga a planificar cada siembra
con precisión. Llegó de la producción bajo cubierta: una estrategia fue custrui
invernáculos y utilizar microtúneles. Ganar tiempo y producir hasta mayo o Junio y
volver arrancar en Septiembre. En pocas semanas terminaron de construir 6 nuevos
invernáculos de 20 metros por cuatro destinada a fortalecer el trabajo de las
familias.
Pero adaptarse al clima no alcanza. En tierras recuperadas convive la producción de
hortalizas de estación: hoja verde, tomate, zapallitos, frutas como melones y
sandías, plantas aromáticas, huevos y salas para conservas, hongos y quesos
artesanales,apartir de leche fluida entregada por productores locales.
Lejos del monocultivo la estrategia es rotación, reducir riesgos y ofrece
comercialización variada. Queremos que cada familia tenga distintas producciones.
Mejora la dieta, cuida la tierra.
El ingeniero del Nodo sostiene que cada incorporación surge de cómo trabajan la
tierra.
Mariela Jones se incorporó en 2024 tras pasar el curso de plantas aromáticas dictado
por El Nodo. Es referente del espacio, En su parcela comenzó con aromáticas
(lavanda,romero, orégano, caléndula y cedrón) con objetivos medicinales y junto a
hortalizas y verduras (lechuga, tomate, zapallo). Junto a su padre con cría de
gallinas produce hongos comestibles a restaurantes de las zona.
La gente aún le cuesta a lo orgánico, donde va existiendo el nodo lo vamos
incorporando. El valor aparece con la vida cotidiana, Somos una gran familia. Ese
aspecto socio productivo también escala a Trelew, Rawson y Playa Unión, en busca de
alimentos agroecológicos.
Un parte el Nodo que son 95 por ciento de mujeres. Son jefas de familia, de lo
diverso de lo masculino. Las mujeres llevaron adelante el proyecto y pocos varones
van por tierras, apenas 3 para parcelas.
Hay una explicación: porque sean las mujeres que llevan delante el proyecto: por
cuestion cultural. Entre mujeres productoras por la producción y responsabilidad. Y
lugar de contención: vienen con sus hijos. También organizan talleres para educación
para sus hijos y infancias de la comunidad.
Mucho más que producir verduras, otra manera de pensar en desarrollo:
Chubu es una provincia que tiene tensión en el uso del territorio.
Desde hace un siglo la provincia sufre el auge del petróleo en Comodoro Rivadavia.
Luego la pesca para exportación provincial y producción lanera en la meseta. Más el
conflicto de la megaminería metalífera con conflictos.
En relación a eso, el Nodo parece avanzar en otra dirección. prioriza producir
riqueza con recuperación de fertilidad del suelo, Es experiencia de la tradición
agrícola del Valle inferior del Río Chubut, desde fines del siglo XIX por colonias
galesas y en resignificación de la agroecología.
La discusión se basa en semillas, el agua, la recuperación de tierras y trabajo
colectivo.
Que generó ingresos para decenas de familias y fortaleció vínculos en una localidad
con decisión política para llevarla adelante.
Él sostiene que la agroecología implica trabajar en cada territorio, no alcanza
conocimiento técnico, compartir saberes, entender historias,tiempos y el municipio
decidió sostener el proyecto con recursos propios.
Agroecological Production in Dolavon: Recovering the Land and Building Community
English translation
- From Land Recovery to Community Building
- Overcoming Patagonian Frosts to Produce Diversity
- Women as the Drivers of Change
- Redefining Regional Development
In the Lower Chubut River Valley, agroecological farming thrives in Dolavon—a
town of 4,000 residents. A group of 30 families, mostly led by women, manages
this sustainable production. They have revived traditional agricultural
practices on land granted by the municipality to produce healthy, locally grown
food. Production of this kind can happen anywhere; it is fundamentally a
political choice.
In Dolavon, severe frosts demand patience and precise timing. While the valley
waits for spring, a female farmer inspects a green house alongside her son.
Standing between rows of lettuce, spinach, arugula, and Swiss chard, she
emphasizes that the primary goal of the project is to provide agroecological
food for the local community.
Three years ago, this initiative shifted daily routines in nearby Gaiman.
Originally, the farmer only grew seedlings with her son at home in a small
backyard garden. Transitioning to a full field to cultivate was a major change.
Under the "Dolavon Produce" project, she now manages two greenhouse plots.
Eating healthy food transforms both diets and communities. The flavor of fresh,
chemical-free produce is incomparable. The project began in 2023 as part of the
Regional Productive Infrastructure Program, serving as one of twelve designated
regional hubs across Argentina. Following national government shifts with
President Javier Milei taking office, the initiative secured support from the
organization Famuch to sustain its operations.
Agronomist Ñancucheo is a central figure in Dolavon Produce. The two-and-a-half
hectares hosting the hub (Nodo) were previously degraded lands with no history
of agricultural use.
Restoring the soil was the primary challenge. Through straightforward organic
practices—using generous amounts of compost and organic matter—they restored
soil fertility with excellent results. The initial objective was to enable
families to grow healthy food for self-consumption and sell the surplus to
generate income. The project started with nine families, each assigned a plot.
By the following year, the area was expanded, and today 32 families actively
participate.
They also installed a drip irrigation system—a crucial local measure where
traditional flooding methods had hindered production. Beyond farming, the
benefits extend to the community: every Saturday, participating families welcome
neighbors to purchase fresh harvests directly at the hub, arrange site visits,
and place advance orders.
Agriculture here centers on human relationships. The project's success stems
from continuous learning, soil improvement, a strong sense of ownership among
families, and mutual support networks built around food production.
Despite this success, the decline in purchasing power during 2024 and 2025
created financial hurdles. To meet immediate household needs, some producers had
to take outside odd jobs (changas) or second jobs, leaving less time to tend
their plots. Balancing economic needs remains a critical challenge, though the
model has already inspired neighboring municipalities.
With only a few frost-free months each year, every planting cycle requires
meticulous planning. To counter the climate, farmers built greenhouses and used
micro-tunnels (under-cover production). This strategy extends the growing season
through May or June, allowing work to resume in September. Recently, six new
greenhouses (measuring 20 by 4 meters) were constructed to strengthen family
operations.
Adapting to the climate is only part of the strategy. On the recovered land,
seasonal vegetable production flourishes: leafy greens, tomatoes, summer squash,
melons, watermelons, and aromatic herbs. The site also produces eggs, preserves,
cultivated mushrooms, and artisanal cheeses made from raw milk supplied by local
dairy farmers.
Moving away from monoculture, the hub prioritizes crop rotation to minimize
risks and offer a diverse product line. This approach improves local diets while
preserving soil health. As the project's agronomist notes, every new addition
directly reflects how the farmers work the land.
Mariela Jones joined the hub in 2024 after completing an aromatic plant course
hosted by the organization. Now a key coordinator, she began growing lavender,
rosemary, oregano, calendula, and lemon verbena for medicinal purposes alongside
vegetables like lettuce, tomatoes, and squash. In partnership with her
father—who handles poultry farming—she also produces edible mushrooms for
regional restaurants.
While some consumers are still adapting to organic produce, the hub continues to
build local awareness. For the participants, the project has created a
tight-knit community. This socio-productive network has expanded its reach,
attracting buyers from neighboring cities like Trelew, Rawson, and Playa Unión
in search of chemical-free food.
Women make up 95% of the hub's workforce, most of them female heads of
household. Currently, only three men manage individual plots.
This strong female presence stems from both cultural tradition and practical
support. Women have shown exceptional commitment and accountability to the
harvest. Moreover, the hub serves as a safe community space where mothers can
work alongside their children; they even organize educational workshops for
local youth.
Chubut is a province marked by historical conflicts over land use. For over a
century, the region's economy has been dominated by oil extraction in Comodoro
Rivadavia, export-oriented fishing, wool production in the central plateau, and
ongoing disputes surrounding industrial mining.
In contrast, the Dolavon hub offers a alternative vision: generating local
wealth by restoring soil health. It builds upon the agricultural heritage
established in the Lower Chubut River Valley by Welsh settlers in the late 19th
century, updating it through modern agroecology.
The core conversation here focuses on seed sovereignty, water stewardship, land
recovery, and collective labor. The initiative generates income for dozens of
families and strengthens social ties in a town backed by clear municipal
support.
Agroecology requires working in harmony with each specific territory. Technical
knowledge alone is not enough—it demands sharing wisdom, understanding history,
and respecting natural cycles. Recognizing this value, the local municipality
chose to sustain the project using its own resources.
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